Serranilla VII

Dime Baroja, ¿qué es la voluntad?

“La voluntad, el deseo de vivir, es tan fuerte en el animal como en el hombre. En el hombre es mayor la comprensión. A más comprender, corresponde menos desear. Esto es lógico, y además se comprueba en la realidad. La apetencia por conocer se despierta en los individuos que aparecen al final de una evolución, cuando el instinto de vivir languidece. El hombre, cuya necesidad es conocer, es como la mariposa que rompe la crisálida para morir. El individuo sano, vivo, fuerte, no ve las cosas como son, porque no le conviene. Está dentro de una alucinación. Don Quijote, a quien Cervantes quiso dar un sentido negativo, es un símbolo de la afirmación de la vida. Don Quijote vive más que todas las personas cuerdas que le rodean, vive más y con más intensidad que los otros. El individuo o el pueblo que quiere vivir se envuelve en nubes como los antiguos dioses cuando se aparecían a los mortales. El instinto vital necesita de la ficción para afirmarse. La ciencia entonces, el instinto de crítica, el instinto de averiguación, debe encontrar una verdad: la cantidad de mentira que se necesita para la vida”

 

El árbol de la ciencia, 1911.

 

– Baroja, que siempre destacó por su actitud de rechazo al resto, siempre ha sido retratado como anti-moderno, que no es, sino otra manera de ser modernista. Sin embargo, aquí podemos ver uno de los más bellos e ininteligibles pasajes de la novela donde en una angustiosa descripción de la voluntad, Baroja nos habla de la naturaleza del ser humano.
El hombre, definido como voluntad de vivir, nos dice, se mueve entre el deseo de conocer y la no satisfacción de encontrar respuestas a sus inquietudes. Se arde en impulsos de conocimiento que desata una cadena de dolor provocada por la preocupación y el intelecto. He aquí el error del ser humano: La Ciencia, pues ya lo dice el libro del Eclesiastés “Quien añade ciencia, añade dolor” así pues si la ciencia provoca dolor y la ciencia es la vía de consuelo que busca el hombre ¿dónde se engendra esa perturbación? En la misma lucha por la existencia, en la insatisfacción del ser que no está contento con lo que tiene. El hombre nunca va a estar saciado de deseos de vivir y el conocimiento no implicará otra cosa sino dolor y destrucción.
Esta visión envuelta en el pesimismo más crudo de la mano de la filosofía de Schopenhauer está comprendida en un estadio muy obscuro de la historia de España, sentimiento compartido por Miguel de Unamuno en El sentimiento trágico de la vida o La voluntad de Azorín. Pero si la fe se rechaza, pues anula al intelecto y la ciencia mimetiza los sentidos hasta la extenuación,  ¿qué nos queda como alternativa? Yo abogaría por el equilibrio entre la voluntad de saber y la sabiduría del saber a través de la experiencia, por supuesto que no es posible sin conocimiento y ciencia pero la vida, es mucho más que eso.  Y tú que lees esto, ¿qué entiendes por voluntad?

 

“Era un epicúreo, un aristócrata, aunque él no lo creía”  

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