Serranilla VII

Los claroscuros del medio ambiente

El medio ambiente, desde la concepción de su propio término, ha seguido un enfoque totalmente antropocéntrico y alejado de la realidad de la protección medioambiental por su propio concepto. Así, no sólo se ha podido percibir cómo a lo largo de la historia las distintas tendencias sociológicas o políticas teñían este término de inconcisas aplicaciones o distintos intereses, sino que se ha llegado a convertir en prácticamente una moda a día de hoy sin llegar a entender la amplitud o la importancia de su propio significado por el todo.  Asimismo, la propia ley de mayor jerarquía dentro la Nación española, la Constitución, establece hoy en día en su artículo 45 que todos los ciudadanos tienen el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado, así como los poderes públicos velarán porque su protección se cumpla a la sazón de una indispensable solidaridad colectiva y las posibles sanciones si se incurriese en violación del propio artículo en tono particular e individual mediante el pago de sanciones penales o administrativas.

El medio ambiente empezó a contar en el desarrollo de la humanidad cuando y debido a la Revolución Industrial del S.XVIII, se percibió cómo la calidad de vida del ser humano comenzaba a verse resentida por los efectos adversos visibles sobre la misma, a tenor de la contaminación en las grandes ciudades por las emisiones atmosféricas o, simplemente, por el desorbitado desarrollo tan repentino de una industria en países que no estaban preparados a nivel estructural, como podría ser España en esos años. Sin embargo, ese desarrollo no se frenó, sino que ha llegado hasta nuestros días suponiendo una lacra por el pensamiento de la mayoría de ciudadanos de no verse afectados en el presente.
Así, con la Conferencia de las Naciones Unidas de Río de Janeiro en 1992, se acuñó el término de sostenibilidad, esto es permitir el desarrollo de las generaciones presentes sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras. Sin embargo, en ningún momento como con el término de “medio ambiente”, se ha contado con un plan de acción claro y conciso a seguir, sino con el deseo de contrarrestar los efectos negativos sobre el medio ambiente o la mera actuación sobre hechos ya prácticamente insalvables, irrecuperables. Por tanto, la protección del medio ambiente o la sostenibilidad de las actividades, sobre todo industriales, sobre el medio ambiente han sido hasta el día de hoy inconsistentes, sin un equilibrio palpable sobre el que edificar una sociedad.
La humanidad desde el principio de su historia hasta la concepción de las sociedades a lo largo del planeta, ha contemplado diversas relaciones para con el medio ambiente. Así, se pudo observar cómo en un principio la naturaleza era para el ser humano una mera fuente supervivencia, donde el respeto hacia la misma era casi fervor, una religión. Sin embargo, poco a poco el progreso hizo que la evolución del ser humano supusiera también explotación del medio ambiente y sus recursos naturales, en principio controlada y, más tarde, totalmente desequilibrada e indefendible. Así, se podría hablar del enfoque capitalista de la sociedad con el medio ambiente como una mercancía u objeto de valor, del marxismo que abogaba por un acercamiento del trabajador a la naturaleza, del ecofascismo pródigo en normas conservacionistas, de la ecología política y su fusión entre el socialismo tradicional y los movimientos ecologistas, del desarrollo sostenible y el más que probable verdadero objetivo de mantener la prosperidad de los países desarrollados y el orden socioeconómico vigente, de las posturas ecotecnológicas donde la tecnología no puede sustituir continuamente a la naturaleza y sus problemas y finalmente, de la globalización y el consumismo que extienden aún más los problemas ambientales por todo el planeta y favorecen el dumping ecológico, esto es el traslado del proceso productivo y, por ende, la contaminación a los países menos desarrollados.
Obedeciendo a la globalización y al imperio de lo global sobre lo particular o característico de cada región o de cada país, así ha ocurrido también con España y su protección del medio ambiente y la coexistencia con las actividades agrarias y ganaderas, así como industriales. En primer lugar, desde la Unión Europea se ha planteado un carácter generalista en cuanto a la aplicación de planes de acción o el incentivo de subvenciones, como la Política Agrícola Común de la Unión Europea (PAC), que ha supuesto en gran medida una desprotección de lo propio del paisaje agrario español en detrimento de aquello que garantiza un mayor beneficio económico o un valor seguro en cuanto a la concesión de subvenciones se refiere. En segundo lugar, es más que patente cómo se protege claramente el desarrollo económico frente al medio ambiente dentro del propio ordenamiento jurídico español, donde lo económico es un derecho y el medio ambiente es tan solo un principio rector de la política social y económica, de acuerdo a lo que recoge la Constitución de 1978. Asimismo, la industria tiene en cuenta el principio “quien contamina paga” de la Unión Europea, que cumple a regañadientes o mínimamente para librarse de las sanciones o multas pero, sin embargo, no va un paso más allá, pues la protección medioambiental en España se concibe como un ente molesto que coarta el desarrollo económico y no como un ente a considerar en el día a día del ciudadano común, su calidad de vida y su desarrollo consciente como individuo que forma parte de una sociedad que debería ser responsable de sus acciones.
Finalmente, el medio ambiente no es un ente que se pueda diseccionar de la totalidad del mundo en el que el ser humano se desarrolla. El medio ambiente es y seguirá siendo la base de su supervivencia, de su economía y perspectivas de futuro, de sus pensamientos más críticos y profundos, de su arte y su conciencia como ser vivo, de su cultura y religión, de su inmortalidad y reflexión.
#RETROINNOVACIÓN
Rocío Burgos Álvaro
Ingeniera del Medio Natural

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