Serranilla VII

Con riesgo de equivocarme: algo de lo que he aprendido sobre mi pueblo

En primer lugar, quiero agradecer el ofrecimiento realizado por la Asociación Cívica Hinojoseña para escribir una entrada para su blog; un honor inesperado, tanto más que ya me siento recompensada siguiéndoles en Twitter, por mi interés en estar informada, desde la distancia, sobre las cosas que ocurren en mi pueblo.
Como ellos, mi objetivo se centra en analizar, desde mi perspectiva personal, uno de los temores que, desde el inicio del siglo XXI, invaden a muchos hinojoseños: la despoblación; y de seguido, indagar sobre fórmulas que pudieran revertir esta situación.
Para ello nada, mejor que analizar lo que fuimos para llegar a lo que somos. Si vuelvo la vista a nuestro pasado, me llama la atención comprobar que Hinojosa conoció tiempos de mayor prosperidad. Pongo el punto de partida en el siglo XVIII cuando nuestro pueblo era la cabeza del poder administrativo y judicial (en primera instancia) del Condado de Belalcázar —integrado en los Ducados de Béjar y Osuna, en virtud de las alianzas matrimoniales—. El Corregidor era nombrado por el Ayuntamiento a propuesta del Condado (Casa de Béjar) y su jurisdicción administrativa y judicial abarcaba no solo a Hinojosa, también a Belalcázar, Villanueva del Duque y Fuente la Lancha. Para el colmo, era la localidad más poblada de lo que hoy conocemos como Valle de los Pedroches, o Los Pedroches para los más modernos. Tenía el equivalente a 6840 habitantes (Catastro de Ensenada de 1753); esta población es, prácticamente, casi la misma que existe en la actualidad, y fue incrementándose gradualmente, hasta el punto que en el año 1950 superó los 15000 habitantes.
Por si fuera poco, en el elegido punto de referencia, el siglo XVIII, nuestra localidad ocupaba un lugar privilegiado en las rutas mercantiles, siendo paso obligado de la ruta del Azogue, que trasladaba el mercurio de Almadén a Sevilla, esto generaba la existencia de cierto bandolerismo, oportunamente ocultado por las autoridades que fueron entrevistadas para el Catastro de Ensenada (1753) y el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura (1791), las cuales insistían en la seguridad de la zona, sobre todo por la existencia de partidas de escopeteros que cuidaban el orden.
 

 

mapa de 1797

 

 

Curiosamente, hay dos factores de la Hinojosa de hoy que, al relacionarlos con esa época, me han llamado muchísimo la atención. El primero, que no se haya explotado a nivel turístico el «Camino del Azogue». Existen otros pueblos, como Alanís (Sevilla), que han convertido parte de esta ruta en turísticos caminos rurales. El segundo factor, que me desconcierta es la corriente que propugna la vuelta de los lobos a la zona para potenciar el turismo; ignorando que han sido animales que, en nuestra historia local, no sólo fueron objeto de atención literaria a través del romance de Manuel Sancha de Velasco, sino también de preocupación administrativa y ciudadana, hasta el punto que en los presupuestos del siglo XVIII se recogían partidas presupuestarias destinadas a indemnizar a quienes mataban lobos, los cuales ocasionaban daños a las personas y al ganado, uno de los pilares de la economía hinojoseña que exportaba para su consumo corderos y otros animales a la Corte.
La economía de estos años, aunque era primordialmente agrícola y ganadera, a nivel de mercancías (textil, alfarería, herrería, carpintería, tintorerías, etc.) era más variada y dispersa, lo que es compresible dentro de sociedades autosuficientes centradas en el autoconsumo. Cuando Hinojosa dejó de pertenecer a Extremadura y se integró en la provincia de Córdoba (1830-1833), lo hizo arrastrando su economía agrícola-ganadera; sin embargo, este hecho no le impidió seguir ganando habitantes, hasta el punto que en 1950 superó los 15500; a partir de este punto de inflexión, su población ha descendido por debajo de la mitad de esa cifra.
¿Qué sucesos provocaron el inicio de la despoblación? Aunque existen diversos factores, prefiero destacar los siguientes: en primer lugar, el aumento de la longevidad derivado de las mejoras sanitarias y de higiene; este hecho provocó que el traspaso de la tierras y ganados de padres a hijos, se retrasara unos 20 años. El cabeza de familia conservaba la vida y la salud para seguir explotando su patrimonio por sí mismo durante muchísimo más tiempo; en consecuencia, los hijos se veían obligados a inmigrar para buscar medios de subsistencia. En segundo lugar, la estabilidad económica de los años 60 del siglo pasado, la cual impulsó el traslado de gente que buscaba mayor poder adquisitivo, trasladándose a los cinturones industriales de nuestro país, incluso al extranjero. Lo que, en muchos casos, era una residencia temporal, acabó con el lugar de trabajo convertido en residencia permanente y el pueblo en el lugar vacacional. En tercer lugar, por la falta de cierta visión empresarial por parte de los dirigentes y los emprendedores de la España rural, los cuales no introdujeron —ni introducen— los medios necesarios para transformar una sociedad agrícola ganadera en otra más industrializada o no dependiente de los subsidios sociales.
Hoy en día, la crisis ha agravado la diáspora de los habitantes y el impacto de la estadística que ha colocado el número de habitantes de Hinojosa del Duque por debajo de los 7.000 habitantes —miedo me da, poner la cifra exacta, siendo yo misma, una de las personas que han contribuido a la despoblación— ha provocado la búsqueda de fórmulas que permitan el retorno de los que se fueron.
Una de las vías que se ha puesto en practica, es crear puestos de trabajo vinculándolos con el sector de los servicios, desarrollando el turismo rural. Aunque esto genera un flujo de gente de fuera (forasteros) que va a consumir a los pueblos, a la larga ha provocado saturación y plagio de ideas. Hoy todos los pueblos de Los Pedroches tienen su «feria de la tapa», su «obra de teatro colectiva», sus «ferias alimentarias», sus «exposiciones artísticas»; su «ruta del Camino de Santiago», «su feria del libro», su «museo etnológico», etc.; para colmo, muchas veces, las actividades de los municipios se solapan en las fechas, con lo que los visitantes tienen que elegir destinos. En todo caso, mientras no exista una actividad que introduzca una originalidad sobre el resto, como ocurre con las Cruces de Añora —actividad, sin embargo, en declive por la desaparición de las «cruceras»—, el turismo rural será muy minoritario. Los inconvenientes son que estamos ante actividades económicas muy esporádicas que crean puestos de trabajo o incremento de los servicios de hostelería con una duración muy breve; y que se encuentran muy vinculadas a las siglas de los partidos que gobiernan el Ayuntamiento o las instituciones locales, comarcales y/o provinciales. En definitiva, son eventos muy volátiles que, sin embargo, tiene una parte muy positiva a nivel de los poderes públicos y que ya explotaron los romanos con su filosofía de ofrecerle al pueblo «panem et circenses”.
¿Sería más útil que los poderes públicos tendieran a una política de creación de industrias estables y con futuro? Personalmente, no puedo dar una repuesta, puesto que no tengo la clarividencia para ver que es actividad de futuro; al margen que considero que su labor es remover los obstáculos para que la iniciativa privada —el famoso emprendedor que debe ser educado desde el colegio—arraigue. Esto no se hace cuando, por ejemplo, son necesarios 20 años para reparar una simple carretera secundaria. Evidentemente, crear las bases de un sistema educativo que motive y promocione al emprendedor desde la secundaria, no es labor de los Ayuntamientos, puesto que solo puede lograrse mediante el impulso de un gran pacto por la educación acordado entre los grandes partidos que deje, una vez por todas, el tiempo necesario para que las reformas educativas acaben consolidándose y se produzca un cambio de mentalidad.
A nivel municipal y comarcal, los ciudadanos pueden crear una red de Asociaciones sin ánimo de lucro para tratar de poner su parte en la erradicación de los obstáculos; aunque lo ideal ,sería crear Fundaciones para despolitizar la inversión cultural. Siguiendo a J. F. Kennedy, no se trata de lo que tu Ayuntamiento puede hacer por tí, sino que lo que cada uno podría hacer por su pueblo. Desgraciadamente, la idea de una Fundación —participada por los ciudadanos, las fuerzas activas y políticas locales en igualdad de condiciones— requiere la existencia de un inversor rico dispuesto a devolver a la sociedad parte de lo que ésta le concedió, materia prima de la que carecemos. La puesta en marcha de una Fundación conllevaría, por poner un ejemplo, que ideas propias o adoptadas, como la representación teatral de La vaquera de la Finojosa —apropiación fructífera de un mito que, al hilo de las investigaciones realizadas por el extraordinario don Amadeo Romero Tauler, quien interrogo sobre el tema a insignes catedráticos de las Universidades de Madrid y Salamanca, no sucedió en nuestro pueblo— tenga cierta continuidad mediante la creación de un aula de teatro, o de pequeñas representaciones teatrales de parte de la obra varias veces al año.
Mientas no surja una industria que pueda potenciar la creación de puestos de trabajo de carácter estable, estimo que la profundización en las peculiaridades que hacen de Hinojosa una entidad local diferenciada de otros pueblos de Los Pedroches, es la vía más factible para crear un efecto de llamada y frenar el descenso poblacional con la finalidad de lograr su estabilización. Cierto, que otro camino es la inversión tecnológica, mediante, por ejemplo, la creación de un centro de teletrabajo como ha propuesto la Asociación Cívica Hinojoseña; ahora bien, este fenómeno no es tan novedoso, puesto que es, simplemente, una mera variación de lo que tradicionalmente es citado en nuestro Derecho Laboral como «trabajo a domicilio». Si se invierte esfuerzo y dinero en de un centro de teletrabajo sin realizar, previamente y paralelamente, la negociación de acuerdos y convenios con grandes corporaciones tecnológicas tipo Amazon o Microsoft, la idea estará destinada al fracaso; puesto que simplemente estaríamos —por la ausencia de estos convenios— ante meros trabajadores autónomos adaptados a los tiempos que venden su mercancía a través de Internet por sí mismos, no ante trabajadores por cuenta ajena con trabajo indefinido y bien pagado. En todo caso, si se trata de perseguir los sueños, las estadísticas son claras: no aspiramos a producir ni a crear puestos de trabajo, solo deseamos ser funcionarios.
 

 

#RETROINNOVACIÓN
María Dolores Rubio de Medina
Escritora

 

 

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