Serranilla VII

La generación desraizada

 

“Arrancar las raíces de un terreno” es la definición que recoge el DRAE acerca del término desraizar, siendo este un verbo transitivo necesita un complemento directo, es decir, el ser vivo u objeto sobre el que recae la acción. En este caso el complemento directo es la planta  y generalmente el objetivo de esta acción es el de acabar con la vida de la misma. Este término que está tan extendido en el área de la agricultura, es sumamente adecuado para recoger el proceso reversible que está surgiendo entre el ser humano y el medio natural que le rodea. Al “arrancar nuestras raíces” con la naturaleza estamos “matando” el ser vivo que somos,  ya que estamos perdiendo nuestro estimulo vital. El hecho de haber convivido como especie entre el resto de animales en el medio del bosque ha propiciado que hayamos desarrollado una capacidad sensitiva, sensorial y por consiguiente racional que nos ha permitido evolucionar como individuos y como sociedad hasta alcanzar el nivel que  tenemos hoy en día.

El inicio de los años 50 trajeron a España una de las mayores migraciones de la historia entre los pueblos y las ciudades, el éxodo rural. Este cambio traía consigo un gran número de oportunidades para la gente que venía del campo, pero como contrapunto llevaba consigo el inicio de la ruptura de nuestras raíces con la naturaleza. Muchos de los hijos de estos campesinos, nuestros padres, se criaron en el pueblo o entre el pueblo y la gran ciudad aprovechando sus vacaciones escolares para descubrir qué era una culebra, de que pájaro procedía ese canto, cómo cazar una rana, cuándo estaban los frutos maduros para ser comidos… Nosotros, sus hijos, por el hecho de habernos criado en la gran ciudad, de basar prácticamente nuestra experiencia sensitiva en el mundo virtual y de no visitar el campo más que un par de veces al año, hemos dejado que muchas de nuestras raíces mueran. Aun así,  el hecho de que nuestros abuelos y padres hayan compartido con nosotros sus vivencias unido a las escasas vivencias que hemos tenido nosotros en el campo hacen que sigamos manteniendo vivas algunas de esas raíces que nos unen a la tierra. Esta sucesión puede provocar que por mucho que se invierta en educación ambiental, se hagan campañas de sensibilización, legislación ambiental etc., la próxima generación que herede la tierra, y por tanto las sucesivas sean generaciones desraizadas, porque serán seres con una gran conciencia ambiental, pero serán seres que no compartan nada con la naturaleza, incapaces de escuchar sus sonidos, oler sus aromas, sentir sus texturas o ver más allá de sus paisajes.
Todavía tenemos tiempo para impedir que esto ocurra así que coge unas botas y lánzate a descubrir un maravilloso mundo de sensaciones, lánzate a regar tus raíces y la de los tuyos.

 

 

#RETROINNOVACIÓN

José Alberto Capataz García.

 

Graduado en Ciencias Ambientales, por la Universidad Rey Juan Carlos.

 

 

 

 

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