Serranilla VII

Un antecesor simbólico del inconformismo. El pequeño defensor del pueblo

Decía Margaret Mead, “Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos considerados pueda cambiar el mundo. Verdaderamente, eso es lo único que lo ha logrado”

Vivimos en una sociedad marcada por el conformismo y la idiosincrasia de que no podemos cambiar el mundo al considerar que somos una mínima parte del mismo, una mínima parte que se limita a permitir que todo lo que se encuentre a su alrededor acabe destruyéndole. Son numerosas las ocasiones en las que nos quejamos del mundo que nos rodea. Sin embargo, pasamos horas y horas observando como la realidad que nos rodea es cada vez más desastrosa; corrupción política, fraude fiscal, deshumanización por el avance tecnológico, pérdida del valor histórico, etc.

Cada vez vamos olvidando que tenemos derechos que defender, derechos que cada día se ven más acuchillados por las élites extractivas, es decir,  aquellas que “extraen de la sociedad más recursos de los que le corresponden por su aportación de valor”. Estamos siendo absorbidos por una sociedad explotadora, sin embargo, lo peor es que aun sabiéndolo, nos dejamos ingerir.

conformismo

Vayámonos al eje del funcionamiento del sistema. Si atendemos a los modos de producción, es decir, los modos de obtener los bienes materiales necesarios al hombre para el consumo productivo y personal, necesarios para que la sociedad funcione, vemos que siempre se produce una consunción del ser humano, ya sea de su valores, o de su trabajo.

Durante la Comunidad Primitiva, el ser humano primitivo no concebía la posibilidad de la propiedad privada de la tierra y de los demás medios de producción; pero lo que sí concebía era lo que Marx describió en sus Manuscritos Económico-filosóficos de 1844 como “propiedad privada general”.  En la comunidad esclavista, desarrollada durante la Grecia antigua y, sobre todo, en la Roma clásica, las relaciones de producción se basaban en la propiedad de los dueños de esclavos sobre los medios de producción y sobre los esclavos considerados como “instrumentos parlantes” sin derecho alguno y sujetos a explotación cruel. Cuando aparece el sistema feudal,  aparece un modo de producción de los bienes materiales basada en la propiedad feudal sobre la tierra y la propiedad parcial sobre los trabajadores -campesinos siervos-, así como en la explotación de estos últimos por parte de los señores feudales. Y finalmente llegamos al sistema capitalista, causante de la no apreciación de los bienes públicos e históricos, causante de la desigualdad social y causante de las graves e incipientes crisis financieras, entre otros. ¿Realmente hemos actuado deseando cambiar el mundo? ¿O simplemente nos hemos limitado a definir un mundo deseado como una utopía?

Como podemos observar, la historia no ha cambiado, a lo largo de la misma, esta absorción se ha ido produciendo, sin embargo, a pesar de ello siempre ha habido un pequeño grupo de ciudadanos que han intentado que la situación cambie. Son los que han hecho que ese mundo utópico se adecue cada vez más a nuestra realidad. Ahora nos toca hablar de Juan Relinque y de las actuales Hazas de la Suerte. Una lucha del pasado que tiene como consecuencia una victoria en el presente.

Su origen se remonta a mediados del siglo XIII, cuando Fernando III se preparó para la toma de Vejer de la Frontera ofreciendo a los vejeriegos que rindieran la ciudad pacíficamente a cambio de poder conservar su religión y tradiciones. En junio de 1264, cuando los mudéjares se alzan en una revuelta general y los musulmanes toman el castillo de Vejer aunque poco después, en agosto de ese año, Alfonso X vuele a tomar la ciudad y decide expulsar a todos sus habitantes musulmanes.

En la villa y los campos de Vejer, debido a esta circunstancia, apenas queda población. Para contrarrestar distintos ataques, y como medio para mejorar la defensa de los municipios, los reyes cristianos decidieron repoblar las ciudades y campos, y para ello concedieron tierras, privilegios y exenciones fiscales como atractivo. Ya entre 1450 y 1500, servidores de la Casa Ducal de Medina Sidonia comenzaron a invadir derechos vecinales, entre ellos, el arriendo de esas tierras.

Es entonces cuando aparece la figura de Juan Relinque, un vecino que lidera un movimiento para protestar por las acciones de la Casa Ducal de Medina Sidonia, y que se presenta junto a distintos vejeriegos ante la Real Cancillería de Granada para denunciar en 1535 los abusos del Duque de Medina Sidonia.

El objetivo de Relinque, recuperar las tierras para el pueblo, era complicado. Desarrollar un movimiento reivindicativo sin represalias en aquella época era una completa utopía. De hecho, en el año 1536 Relinque y otros vecinos se manifestaron delante de la Casa Consistorial, lo que provocó su detención y arresto en la cárcel hasta que meses después fueron liberados para que continuaran con su pleito. A pesar de sufrir cárcel y de que muchos de sus vecinos, presionados, le retiraran el apoyo, Juan Relinque obtuvo un Seguro Real y se ordenó el pago de costas para que pudiera viajar a Granada para proseguir el pleito. Este vejeriego y un grupo de vecinos presentaron en 1539 una reclamación ante la Real Cancillería de Granada que, el 8 de febrero de 1566, más de 11 años después de que falleciera Relinque, dio la razón a los vecinos.

lara

Entonces se estableció que las tierras comunales serían repartidas entre los vecinos por tres años, que pasaron a ser cuatro desde 1580. En el primer sorteo entraron todos, en el siguiente se excluyeron a los agraciados en el sorteo anterior y así sucesivamente. Las tierras de suerte arrendadas eran comunales y no podían ser traspasadas ni vendidas.

En virtud de esa tradición, el pueblo celebra los 22 de diciembre de cada año bisiesto un sorteo en el que 2.065 familias concurren para obtener las rentas de una de las 232 hazas (terrenos) que están en juego.

Es por ello que tomamos a esta figura como ejemplo de lucha social, de reivindicación de derechos. Hablamos de  un indicador importante del espíritu de la revuelta y de la gente apoyándose mutuamente en la afirmación continua de su libertad (y de nuestra libertad). Ésta muestra a las personas levantándose por lo que consideran correcto y justo, construyendo organizaciones alternativas, creando  soluciones a sus problemas, y por supuesto, luchando por convertir el mundo, en un lugar más justo y por lo tanto, habitable.

“Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo”

(Eduardo Galeano)

 

#RETROINNOVACIÓN

La Cívica

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