Serranilla VII

¿Para quién es la música clásica?

 

Si algo importante tienen todos los tipos de música es que sus finalidades son siempre positivas.

Esa fue mi conclusión cuando una profesora de conservatorio nos preguntaba una tarde si pensábamos que la música clásica era para todo el mundo. Ante la simple pregunta nacían dos posturas diferenciadas; una veía la música clásica de manera elitista como algo no al alcance de todos, otra, sin embargo, lo consideraba otro género musical más.

De pequeña me preguntaba por qué, si la mejor música es la clásica, la mayoría de la gente no la escuchaba. Esa cuestión tenía fácil respuesta. A la mayoría de las mentes les gusta lo conocido, lo que se repite. Siempre supone un mayor esfuerzo procesar y que nos llegue a gustar una obra que escasas veces repite su motivo principal, que escuchar una canción de otro género que no pierda la melodía ni un segundo. No sólo es la melodía, también el ritmo constituye un factor importante en la diferencia de oyentes del género clásico y otros géneros. Ejemplo de ello son, actualmente, los populares géneros urbanos como el reggaeton o el trap, que se caracterizan por su pegadizo ritmo que, por supuesto, es simplísimo.
En resumen, escuchar una obra Brahms supone un esfuerzo. Oír la canción más exitosa del verano, menos.
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Leonid Afremov
Entonces, ¿es la música clásica para todo el mundo? Quizá no sea para todos, pero sí de todos. Una obra clásica siempre será imperecedera, ya sea musical, literaria o artística. Alguna que otra vez deberíamos pararnos a escuchar este género musical, no solo a oírlo de fondo. Ello supone una actividad intelectual que nada tiene que ver con escuchar música popular, cuyas finalidades se alejan de las de la música culta.
No caigamos nunca en el error de comparar ambos géneros. La escucha de cada uno conlleva actividades con distintos fines, aunque siempre positivos.
#RETROINNOVACIÓN
Alejandra García Fernández

2 comentarios en “¿Para quién es la música clásica?”

  1. Tengamos en cuenta, para rematar la faena, que numerosos éxitos de la música electrónica a partir de los años 90, tienen su base prístina en grandes composiciones de la música clásica, añadiéndole algunos efectos sonoros como el ya conocido “atun-con-pan”. Sin saberlo, somos muchos los que hemos bailado con Beethoven o con Mozard.

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