Serranilla VII

Mis paisanos y el campo, ¿hacia dónde vamos?

Mis paisanos y el campo, ¿hacia dónde vamos?

Treinta y una primaveras son las que llevo vividas ya, las últimas veintinueve en la gran urbe española, esa ciudad de oportunidades, trabajo, negocios…pero también llena de contaminación, atascos y bullicio. Por tanto, me considero urbanita por obligación o por propia existencia, pero no por propio deseo, ya que mi mente y corazón, son emocionalmente rurales. Esa emoción rural fue transmitida, en primer lugar por mis abuelos, y años más tarde, por mis padres. Por todo ello, me considero un ser afortunado ya que puedo disfrutar de largas temporadas en el “pueblo”, en el “campo”, rodeado de los míos y de lo mío. Pero esta fortuna que siento al ir, se convierte en desasosiego al volver a la realidad de la gran urbe. ¿Por qué? Porque la tierra que me vio nacer se muere, se muere demográficamente, se muere socialmente, se muere económicamente…sin herramientas efectivas que sirvan para revertir esta situación.

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Localidad de Valdefuentes de Sangusín y la Sierra de Béjar

Este invierno he podido disfrutar de tres semanas allí, han sido semanas maravillosas, pero conviviendo con una triste realidad; sin “muchachos” por las calles, sin paisanos en los bares, sin tenderos que recorran el pueblo…pero lo peor de todo, es ver como mi pueblo, el campo y su entorno desaparecen. Durante esas tres semanas, he podido observar unos datos demoledores; cuatro paisanos han fallecido (tres de ellos ya superaban los ochenta y cinco años) con sus vidas hechas sí, pero viendo como el legado que han dejado está cayendo en el olvido y por tanto, su futuro parece predestinado a ser el mismo que ellos han tenido. Por el momento, nadie está haciendo nada por evitar la destrucción y la desaparición de lo rural, o peor aún, se dice que se están haciendo cosas (a través de los fondos europeos, de ayudas autonómicas…) pero todo es fatalidad, falacias y oportunidades perdidas. Mientras tanto, un único nacimiento de un maravilloso varón, que espero, no vea desaparecer sus raíces.

Con esta triste realidad, observo un dato demoledor, que aunque habría que comprobar mediante la estadística si es extrapolable a toda la provincia o a toda España, sin lugar a dudas es un indicador que debe hacernos reflexionar; cuatro frente a uno, por cada nacimiento fallecen cuatro paisanos y eso nos lleva a un camino muy claro de desdicha y desesperación. Pero a pesar de ello, yo sigo abrazando y amando mi tierra.

Hasta ahora, he expresado mis sentimientos, mi sentir hacia lo que considero que es parte de mí de manera subjetiva, pero si lo hiciera de manera objetiva, la conclusión sería la misma. En seis provincias de la meseta (Ávila, Burgos, Guadalajara, Palencia, Salamanca y Soria) entorno al 85% de los municipios tienen menos de 500 habitantes y de los algo más de 8.000 municipios de todo el país, más de 1.300 no llegan a los 100 habitantes. Estos 1.300 municipios, olvidados por la administración, por los propios paisanos, por el paso del tiempo…parece que están condenados a ser un simple recuerdo, sobre todo para esos jóvenes urbanitas que por gusto y/o necesidad se han visto obligados a abandonarlos. Posiblemente, nunca conocerán el verdadero valor del territorio, de su territorio que se ha ido formando poco a poco con el paso del tiempo y apenas antropizado, justo lo contrario que las grandes urbes, que son las que nos han formado, o más bien transformado a nosotros. Con estas palabras no quiero menospreciar al urbanita ni a la gran ciudad, pero si quiero que todos reflexionemos acerca de; dónde venimos y de dónde proviene el fruto de la tierra y de nuestra existencia.

Todo esto no son más que palabras, una simple verborrea de un futuro geógrafo que espera poder transformarlas, algún día, en hechos concretos que ayuden a recuperar mí tierra, la Sierra de Béjar, el Campo Charro, y que esto mismo lo realicen otros “colegas”; ya sean geógrafos, biólogos, ecólogos, arquitectos, economistas, agricultores, pastores…ya que no importa su profesión o su naturaleza. Es ahí donde reside el encanto de lo rural, todos somos bienvenidos, no ocurriendo lo mismo en la gran urbe.

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 Valdefuentes de Sangusín y  la Sierra de Béjar.

Aquí empieza mi batalla, mi lucha, quizás tardía, pero creo que llego a tiempo siempre y cuando cuente con ayuda de paisanos que compartan estos mismos pensamientos, apostando por lo local y lo rural, dinamizando el territorio desde cualquier rincón de España, ya sea en Galicia o en Murcia, en Zaragoza o en Córdoba.

#RETROINNOVACIÓN

Sergio Domínguez

 

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