Serranilla VII

LOS BUENOS

LOS BUENOS

“Lo sé, porque muchos ya se fueron y hoy sigo sus pasos al caminar. Aquí, tú y yo, sólo quedamos los buenos, nadie nos enseña dónde parar.”

Vetusta Morla

Casualidad o no, todo esto comenzó con la llamada de un gran amigo. En ella me propuso realizar un escrito para, más tarde, publicarlo en la página web de la Asociación Cívica. He de confesar, que debido a que era la primera vez que recibía este tipo de proposición, los cinco siguientes minutos fueron algo extraños. Al principio, sentí una especie de nerviosismo, más bien debido a la inseguridad que genera lo nuevo en uno mismo. Justo después, pasó por mi cabeza que sería una muy buena forma de realizar mi entrada definitiva en la asociación, eso sí, entrada formal digamos, ya que mi entrada moral y espiritual la realicé el día en el que celebramos el Jóvenes por la Tierra. Aunque es cierto que esto sucedía muy rápido, aún más rápido me di cuenta de que tenía muy claro cuál era el tema sobre el que quería escribir.

Antes de comenzar, quisiera remarcar que todo lo que voy a exponer está sujeto a la más absoluta y pura subjetividad y aunque será algo evidente, no quisiera que ningún “ofendidito” de las redes sociales se sienta herido por mis palabras. Bromas aparte, me gustaría empezar haciendo una pregunta muy simple gramaticalmente, pero a su vez muy compleja si analizamos su trasfondo. Me refiero a… ¿Qué es la amistad? Como cualquier palabra, podemos buscar su significado en el diccionario, pero esta acción  es algo que ni he hecho, ni haré, ya que considero que hay conceptos que no se pueden definir, y por supuesto, éste es uno de ellos.

A largo de mi vida, me he repetido muchas veces esta pregunta y es cierto que siempre llego a la misma conclusión. Dependiendo de la personalidad, cada ser humano establece unas prioridades en su vida, pero en casi la totalidad de los casos, hay ciertos pilares que son indiscutibles. En mi caso, estos pilares son la familia, mis amigos y el trabajo, en ese orden, y si alguno de estos cimientos me fallara, estoy convencido de que no podría seguir siendo la misma persona que soy hoy en día.

En general, la amistad en sí, te aporta ciertas cosas las cuales serían imposibles de conseguir si no se dispusiera de ella. Por supuesto, no consiste solo en hacer más divertidos los momentos festivos. De hecho, una de las cosas más importantes de tener amigos, es que puedes tener una visión real de ti mismo que, por ejemplo, tu familia, debido a su propia subjetividad parental, no puede darte. Por otro lado, que existan personas, que en un principio fueron ajenas, y con el paso de los años confían en ti,  cuentan contigo para todo y  te quieren, puede hacerte ver que realmente tu actitud es la correcta para con los que te rodean, mientras que si esta situación sucediera a la inversa, el sentimiento de malestar con uno mismo crecería de forma directamente proporcional a los errores cometidos.

Dejando a un lado los beneficios, ya que en mayor o menor medida por todos son conocidos, me gustaría hacer referencia a lo que un amigo te aporta, hablando desde un punto de vista más personal. Si en grupo o “pandilla”, cada interacción fuese exactamente igual que la otra, sería imposible que la consistencia de éste perdurase demasiados años. Lo bonito, a veces mágico, es que se crean lazos totalmente diferentes que permiten que la estabilidad personal y grupal se mantenga intacta. Como siempre, pongo ejemplos. Por un lado existe ese amigo con el que compartes tus gustos casi al cien por cien y con el que tienes contacto a diario, porque a todo lo que te acurre en la vida, él puede darte una solución que sería exactamente la misma que tú mismo le propondrías si esa situación la viviese él, y por supuesto, nunca te ha fallado. También, existe aquel con el que casi no compartes gustos ni aficiones, pero no lo necesitas, porque en las cosas importantes de la vida solo falta una mirada para que ambos sepáis lo que estáis pensando; ese es “tu hermano”. Por otra parte, siempre está ese amigo al que ves dos veces al año por las circunstancias, pero en el momento del encuentro se produce una explosión en la que el tiempo parece no haber pasado, y la felicidad no cesa en los días que pasáis juntos. Y para terminar, los de siempre, los del colegio y el instituto, que aun siendo de grupos diferentes, nunca faltarán para tenderte una mano. Las posibilidades son muy amplias y  ninguno debe estar por encima de otro, simplemente, están. Eso es lo que cuenta.

Aunque es un privilegio estar rodeado de gente excelente, en ocasiones, es difícil reconocer cuándo un amigo es de verdad. Para que esto se dé, importa más lo vivido, que el tiempo de relación en sí, aunque al final lo segundo será consecuencia de lo primero. He escuchado muchas veces que la amistad se demuestra en los momentos difíciles, y que para los momentos felices se quedan los conocidos o colegas. He de admitir que, en parte, estoy de acuerdo con esta afirmación, pero me gustaría ir más allá. Cuando se nombran dichos momentos complicados, la mayoría de la veces hacen alusión a situaciones personales. Pero el que te ayuda o está ahí, puede ser que lo haga simplemente por su buena persona, o porque dispone de medios para hacerlo los cuales no le suponen un gran sacrificio. Pero si nos centramos en un problema específico, entre dos amigos, ya sea una discusión o cualquier otro tipo de contratiempo, es aquí donde tiene que aflorar la verdadera amistad. Cuando te ocurre, pasas noches sin dormir, durante el día no puedes pensar en otra cosa, evitas lugares en común porque te duele estar cerca mientras hay conflicto, etc… y si todo esto es recíproco, llegará el día en el que todo se arregle, pero no solo eso, sino que la amistad saldrá aún más reforzada. Ese si es tu amigo de verdad.

Para finalizar, me gustaría dejar a un lado este auto-análisis y contar una historia, la cual solo es el reflejo de un sentimiento actual. Por caprichos del curso de la vida y lamentablemente debido a los tiempos en los que vivimos, cada miembro de ese grupo de personas con las que has crecido y con las que te haces hombre o mujer, debe escoger su camino y por desgracia en la mayoría de los casos significa separarse en lo que a lo físico se refiere. En nuestro caso, esta situación no es nueva, pero tenemos la inmensa suerte de tener un lugar muy especial en el que cada verano todos nos reunimos. Vamos a los mismos sitios de siempre, vemos a la misma gente de siempre…. ¡Bendito problema! Estamos en Hinojosa, nuestra casa. Esto se repite cada año pero la sensación es que cada vez se acorta un poco, o hay alguien más al que echar de menos. El último verano, el de mis veintiocho y después de un año muy complicado a nivel personal, puedo clasificarlo como uno de los mejores en mucho tiempo, pero a pesar de ello una sensación extraña y agobiante se apoderó de mí. Seis amigos, un festival y buena música, hicieron que viviéramos un momento increíble, pero a la vuelta, con muchos kilómetros por delante, no pude evitar observar las miradas perdidas hacia el asfalto y estaba seguro de que en sus mentes rondaba la misma idea que en la mía: ¿volveremos a estar todos juntos?. Después de seis horas, y una vez pisamos nuestro trocito de suelo de El Valle, me tranquilicé y las dudas desaparecieron, porque sabía que –los buenos- siempre volveremos allí.

#RETROINNOVACIÓN

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Antonio Padillo Pimentel

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