Serranilla VII

“¿A por ellos?”

«¡A por ellos!» —gritan las hordas, refiriéndose a sus compatriotas.Juanma 1 Sin escrúpulo ni disimulo, hasta orgullosos de retozar en su propia ignorancia. A modo de reencarnaciones vivientes del espíritu de Torrente, lanzan “vivas” a España y al rey como si ambas cosas fuesen posibles a la vez. Como si una cosa no quitara la otra. Como si la mamporrerra dinastía francesa no entendiese tan bien de sueldos vitalicios y de poder hereditario como de salir corriendo cuando las cosas se ponen feas. Como si, aunque fuese con guantes y un palo, se atreviesen a tocar la miseria de sus supuestos súbditos. Y es que, hablando de tocar, ellos siempre están “con el que toque”. Garganta profunda e impecable oratoria en cada navideña vomitona. ¡Ay…! “Vivas” al rey, como si la historieta zarzuelera amase un solo resquicio de lo que España representa o, mejor dicho, ha sabido representar. No se puede vivir sólo de recuerdos.

Juanma 2Las reencarnaciones de Torrente no quieren mejorar España, no quieren cambiarla de arriba a abajo. Son reaccionarios sin complejos, adoran la mediocridad y hacen repulsivo todo lo que ensalzan. No aman a España, ya que no quieren curarla; sonríen, ebrios, viéndola retorcerse de dolor; se conforman con alargar la enfermedad que asola nuestra tierra. El espíritu cainita se apodera de ellos, y piden que rueden las cabezas de los catalanes que han sido adoctrinados mientras rezan por la vuelta de Aznar, máximo culpable de la delegación de competencias en Educación a Cataluña y, por tanto, responsable directo de lo que hoy padecemos.

Juanma 3¿Cómo hacerles ver que la Constitución del 78 malparió las miserias imperantes en 2017? ¿Cómo explicarles que no estamos en democracia, que cada día somos menos libres y que nos llevan hacia el precipicio porque al Sistema no le interesa una España fuerte y unida? ¿Cómo arrancar de sus fauces dogmas repetidos hasta la extenuación durante décadas?

Quisiera hablar con todos, uno a uno, hooligans “separatas” y “torrentes” varios. Les explicaría lo inmenso que es ser español y, por tanto, consciente de que el mismo cielo que nos ha visto nacer fue el que contempló las gestas heroicas de nuestros mejores; desde las batallas de Covadonga, las Navas de Tolosa y el Salado hasta las de Sagunto y Bailén. Les expondría el grandioso ejemplo que de su españolía dieron los guerreros catalanes en la toma de Granada o junto al Gran Capitán, en la reconquista de Calabria y en la conquista de Navarra. Mencionaría a Joan de Aldana, siempre al servicio de Fernando II y de Carlos I, llegando a ostentar el cargo de coronel mayor del tercio español de los italianos. Les hablaría de todos los soldados catalanes que estuvieron en las campañas de Túnez o en la represión de la revuelta morisca de Granada, y de cómo en ningún lugar se celebró con tanto entusiasmo la batalla de Lepanto como en Cataluña, donde aún perdura la devoción al Cristo de Lepanto, en la Catedral de Barcelona. Avanzando juntos nos admiró otro cielo, a lo largo y ancho de América, tras aquella hazaña que fue su descubrimiento; y, así, hasta hoy.

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Embarque de voluntarios catalanes a Cuba, en el puerto de Barcelona (Padró i Pijoan, 1872).

Les haría ver lo que es despertar cada mañana, como todos los españoles (siempre una hora menos en Canarias), para luchar, día a día, por medio del trabajo y del deber, con el único objetivo de mejorar un mañana; un mañana que nos pertenece y que deberá ser entregado a los que vienen mejorando la herencia que nos otorgan. Un proyecto común. La mayor empresa de nuestras vidas no es algo inalcanzable o utópico, sino posible y necesario para que el corazón del hombre viva en verdadera paz. España es la historia que nos une y el futuro que nos espera. Les pediría, en definitiva, que se sacudiesen con fuerza la venda que les impide ver y contemplasen esta Patria nuestra de catedrales, bosques, montañas, lagos, playas con sus mares y desiertos; de Santiago de Compostela a las Ermitas de Córdoba, de la muralla de Ávila a la Sagrada Familia de Barcelona, y del monte Igueldo de San Sebastián al Alcázar de Toledo; Patria construida en cada paso atrevido, fecundada con sangre joven y renovada, superada sólo por sí misma en cada altar de piedra o misa de campaña, bajo el manto del firmamento o el canto de un nuevo amanecer.

Españoles, no nos dejemos embaucar más por el juego de los partidos. Sepamos estar a la altura del ejemplo que nos precede. Apagad las televisiones, y empecemos por señalarlos.

#RETROINNOVACIÓN

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